Se conoce como damnatio ad bestias (en latín: “condenado a las bestias”)
a un castigo empleado en la época romana, que además alcanzó una gran
popularidad entre el pueblo romano cuando éste se practicaba en público.
Generalmente se reservaba para castigar a los criminales culpables de los peores crímenes.
Generalmente se reservaba para castigar a los criminales culpables de los peores crímenes.
En la Antigua Roma se empezó a utilizar unos cuatrocientos años más tarde (en torno al S. II a. C.) y fue llevada por Lucio Emilio Paulo el Macedónico y por su hijo, Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano, llamado Escipión el Joven.
Originalmente consistía en introducir al prisionero en un recinto cerrado del que éste no podía escapar para a continuación soltar leones con hambre que a la postre acabarían matando al reo. Dada la crueldad de este método, no tardó en popularizarse en Roma, añadiendo otros elementos como una mayor variedad de animales (osos, leopardos, jaurías de perros e incluso elefantes) y variaciones como atar al prisionero a un poste, hacer que un gladiador lo sujetase o incluso transportar al prisionero en una pequeña plataforma móvil para ponerlo antes al alcance de las fieras.
Fue una práctica especialmente popular entre los siglos I y III de nuestra era que fue cayendo en desuso poco a poco hasta su abolición por decreto en el año 681.
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